Cañar, 29/11/1883 - Granada, 23/10/1936
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domingo, 9 de outubro de 2011
quarta-feira, 5 de outubro de 2011
El caso del profesor Vargas Corpas en el Instituto Cervantes de Brasília.
La declaración de reparación y reconocimiento personal concedida a la memoria del profesor Vargas Corpas ha sido el primer documento de esa naturaleza solicitada desde Brasil. El hecho llamó la atención del Instituto Cervantes, de Brasilia, que ha decidido abrir su programación cultural del año 2011 con una sesión que tenía por tema la guerra civil española de 1936-69. En su primera parte, la profesora Ana Vargas, del cuerpo docente del Instituto, presentó el tema “El arte y la guerra civil”. En seguida, la señora Carmen G. Vargas, nieta de Vargas Corpas, presentó un resumen del proceso que sufrió su abuelo. Al final de la sesión habló el embajador, D. Carlos Alonso Saldíva,r sobre los movimientos migratórios.
Se reproduce, a seguir, el discurso que presentó la nieta del profesor Vargas Corpas en el Instituto Cervantes.
Buenas tardes,
Cuando le sugerí al director del Instituto Cervantes, don Pedro Eusebio, que promocionara una conferencia sobre la Ley de Memoria Histórica, mi intención fue la de compartir con la comunidad española de Brasilia una experiencia reciente, muy personal, y por lo que sé, inédita. También pensé que pudiera compartirlo con las personas que se interesan por la cultura de España.
Según estoy informada yo he sido la primera ciudadana española, residente en esta capital, a ingresar con un pedido de Reparación y Reconocimiento Personal a un ciudadano afectado por la guerra civil de 1936, un procedimiento previsto en la Ley de Memoria Histórica de 2007.
Esa Ley, para quien no lo sabe, permite la reapertura de procesos que fueron motivados por aquella guerra. Una guerra de tristes consecuencias para todos los españoles y que causó heridas que nos llevaron muchas décadas de sufrimientos.
Mi pedido fue enviado al Ministerio de Justicia, en España, por medio de los servicios consulares de la embajada de Brasilia. Y en octubre del año pasado he recibido finalmente la contestación. Me concedían la Declaración de Reparación y Reconocimiento Personal a la memoria de mi abuelo, Plácido Enrique Vargas Corpas, que fue maestro de la Escuela Normal de Granada.
Para mí era el fin de una larga historia y de una larga jornada.
Una historia con más de 70 años.
Y si no tuvo un final feliz, porque supuso la muerte violenta de mí abuelo, sí que permitió restablecer alguna justicia.
Al contarles mi experiencia, espero animarle a otros españoles e hijos y nietos de españoles a que busquen también información sobre sus ancestrales que fueron víctimas de la Guerra Civil.
Antes de seguir, me gustaría hacer una pequeña pausa para subrayar dos puntos que considero importantes:
El primero para decirles que mi narrativa no tiene cualquier propósito político que no sea el de saludar, con el sentido ciudadano, a la democracia española.
El segundo para darle las gracias a algunas personas que me han permitido estar hoy aquí para contarles mi historia:
A José Luis Entrala, historiador granadino, por las informaciones que nos aportó con su libro “Granada Sitiada”, pero también por su apoyo, incentivo y amistad;
A Ramón Panes, oficial del consulado español en Brasilia, por la atención y cuidados con los tramites de mi petición junto al Ministerio de Justicia;
Al director don Pedro Eusebio, por la receptividad a mi propuesta.
A Monica Barcelos, gestora cultural, a Ana Isabel Vargas, profesora, a Begoña Comenero, jefe de documentación, y a Norma Peixoto, bibliotecária, por el cariño y ayuda;
y a todos los amigos de Brasilia que están aquí hoy.
Muchísimas gracias a todos.
Nací en 6 de agosto del 45, seis anos después del final de la Guerra Civil, y en los momentos finales de la 2ª. Guerra Mundial. Fue exactamente en el día de la bomba de Hiroshima.
Mi madre era de Granada y mi padre de Tánger, Marruecos. Y fue en Tánger que nací y donde viví hasta cumplir dos años.
Después fuimos para España, donde nos quedamos hasta el año 53, cuando vinimos para Brasil. Mis padres tenían entonces cinco hijos y mi madre estaba embarazada del sexto, un niño. Mis padres decidieron buscar alternativas en el Nuevo Mundo y superar las dificultades de la vida en un país destrozado por la guerra.
Nosotros, los críos, no teníamos problemas, para aprender el portugués, hacer nuevas amistades, aprender nuevas costumbres, todo era diversión.
Para mis padres fue más difícil, por la distancia de la familia y la correspondencia con España que se iba poco a poco tornando más escasa.
En aquella época una carta llevaba casi un mes para cruzar el Atlántico.
En pocos años nuestra comunicación con España se redujo a las noticias que recibíamos cuando alguien se moría.
Algunas veces yo intentaba hablar con mis padres para recordar los sitios y las personas que habían marcado mí infancia en España, pero el ejercicio no iba lejos. A mi madre no le gustaba recordar lo pasado y raras eran las veces que solíamos ver las fotografías de aquel tiempo.
Poco a poco el pasado se estaba borrando.
La única cosa que mi madre hizo siempre cuestión era de conservar la lengua y los valores de la hispanidad. Dentro de casa solo se podía hablar español.
Nosotros sabíamos que una de las cosas que impedía mi madre de hablar del pasado estaba relacionada con la muerte de su padre. El había sido fusilado en 1936, durante la Guerra Civil. Mi madre nunca nos reveló los motivos de su muerte, ni las circunstancias en que pasó.
A veces mi padre intentaba añadir alguna información sobre el tema, pero mi madre lo impedía. El silencio no se rompía.
Lo que ella contaba era que mi abuelo había sido fusilado por un “lamentable error”. Lo único que había dejado era una carta de despedida, con muchos términos religiosos, donde pedía a su mujer y a sus hijos que fueran valientes para enfrentar las dificultades. También decía, como que justificando el lamentable error de que hablaba mi madre, que “Dios escribe derecho aunque parezcan a nuestra pobre mente, tan humana, renglones torcidos”
Volví a España, por primera vez, en 1988, 35 años después de haber salido de allí. Entonces empezamos mi marido y yo, una busca incansable para aclarar la muerte de mi abuelo.
Busqué a mis tíos, hermanos de mi madre, que todavía estaban vivos en Granada. Pensé que ellos, seguramente, me contarían todo.
Me equivoqué.
Ellos no hicieron otro cosa que repetir lo mismo que decía mi madre: que el abuelo era una persona muy religiosa y que todo no pasó de un gran y lamentable error.
Solamente muchos años más tarde, volviendo otras veces a España, fue que la historia se fue aclarando, con sus motivaciones y contextos. No directamente por mis tíos, sino que investigando en libros sobre el tema y buscando documentos en los archivos públicos.
Mi madre, mi padre y mis tíos, todos han fallecido sin jamás decirnos una palabra que no fuera repetir la historia del “error”.
Me he dado cuenta, además, que el silencio no era cosa solamente de mi familia. Lo encontré igualmente en casi todos los españoles y especialmente en los granadinos con quién intenté obtener alguna información. Era algo “endémico”. Poco a poco, a medida que iba conociendo lo que pasó en aquel entonces, pude comprender la razón del silencio y lo que significaba verdaderamente una guerra civil.
Mi abuelo era maestro de la enseñanza pública. Enseñaba en la Escuela Normal de Granada, la misma en que se había graduado en 1904.
Estaba a punto de jubilarse cuando España se transformó en una república, en el año 1931.
Y la república llegó con un gran programa político para democratizar la enseñanza y reducir el papel de la iglesia en el sistema educacional.
Se quería llevar la cultura y la enseñanza a toda la población pobre y marginalizada, con énfasis en las poblaciones rurales, donde la ignorancia significaba garantía de mano de obra para los barones locales. En el caso de Granada, eran los barones del azúcar de remolacha.
Mi abuelo no era más, entonces, un joven ilusionado por ideologías revolucionarias. Pero como viejo maestro, con la experiencia de enseñanza en los pueblos vecinos de Granada y Almería, seguramente ha creído que el programa republicano era la solución para Granada y para la propia nación española.
Mi abuelo ha participado de muchas de esas innovaciones. Con el hijo mayor se incorporó a una de las Misiones Pedagógicas, un programa que llevaba el cine, el teatro, la lectura y otras actividades culturales a las poblaciones lejanas, analfabetas y que jamás habían recibido la atención de los gobiernos anteriores.
Se menciona que en esa época se han instalado en toda España, algo como 5.500 bibliotecas. Por casualidad o causalidad genética, soy la coordinadora del proyecto cultural “Bibliotecas Casa do Saber”, que en los últimos casi cuatro años ha logrado crear 88 pequeñas bibliotecas en Brasília y otros dos Estados. Los libros vienen de donaciones de la población de Brasilia, incluso del Instituto Cervantes, y los demás costos son cubiertos por una empresa privada – la red GASOL de Combustibles. Algunas de ellas en las áreas rurales y dos en otros estados, en el interior de Maranhão y de Ceará. Esa experiencia, mayormente en las áreas rurales, es que uno siente más que en cualquier otro sitio las carencias culturales.
Cerrando este pequeño paréntesis, vuelvo a mi narrativa.
Por todo que se hizo entonces, aquella época pasó a ser llamada por los historiadores, con mucha propiedad, como la “República de los Maestros”.
Pero otras cosas no iban bien y la república tuvo grandes dificultades en mantenerse. En las elecciones de febrero del 36 las fuerzas políticas estaban muy divididas y la crispación era creciente.
Las elecciones fueran muy reñidas. Mi abuelo participó muy activamente de esas disputas y mencionan los relatos de la época que llego incluso a ser perseguido por opositores en un pueblo, donde solo pudo salir con la protección de la policía.
En varias municipalidades de la provincia de Granada las elecciones tuvieron que repetirse, por acusaciones de irregularidades. Algo semejante pasó en otras provincias.
Al fin, los republicanos han conseguido la mayoría. Pero la reacción no tardó mucho.
El día 18 de julio se declaró el golpe militar. Y tres días después Granada estaba bajo el control de las tropas rebeldes. Todos los dirigentes del gobierno local y los integrantes más destacados de los partidos que apoyaban el gobierno, así como los miembros del magisterio, fueron presos inmediatamente.
En la cárcel mi abuelo fue uno de los signatarios – muy probablemente bajo coacción - de una carta, del 8 de agosto, criticando los ataques aéreos que el gobierno republicano lanzaba sobre Granada para intentar retomar el control de la ciudad. Pero el bombardeo continuaría a pesar da la represalia del comandante de los rebeldes, que determinara el fusilamiento de aprisionados.
Poco después el gobierno de Franco empieza una gran reacción contra el sistema educacional republicano. Manda suspender de empleo y sueldo todos los maestros que de algún modo cooperaron con el régimen republicano. Se instalan, entonces, las Juntas de Depuración del Magisterio.
En la condición de miembro de un partido de izquierda y maestro, las posibilidades de mi abuelo sobrevivir eran completamente nulas. Su mujer, muy religiosa, buscó apoyo en la iglesia. Pero a pesar de todos los esfuerzos y ruegos de la familia, nadie ha conseguido cambiar lo que ya estaba decidido.
Después de tres meses en la cárcel, en la madrugada del 23 de octubre de 1936, Placido Vargas fue ejecutado por tiros de fusil delante de la tapia del cementerio de Granada,
El proceso de la Junta de Depuración contra mi abuelo, totalmente basado en declaraciones de ningún valor jurídico, solo fue terminado en octubre de 1940, cuatro años después de su muerte. Lo han sentenciado, entonces, a la separación definitiva del magisterio y baja en el escalafón respectivo.
Era lo mismo que una nueva codena de muerte para un hombre que había vivido para la enseñanza y que encontrara en la militancia política el mejor camino para que la instrucción se hiciera el más democrático derecho de sus conciudadanos.
La apertura de los archivos de la Guerra Civil y la ley de Memoria Histórica aprobada por los gobiernos democráticos de España, me han permitido conocer lo que le había pasado a mí abuelo y pedir la reparación que la ley permitía.
Hoy me siento inmensamente feliz por haber conseguido rescatar la dignidad de la memoria de mi abuelo e la reparación moral por las injusticias de que ha sido víctima. Este documento es la prueba definitiva de que se ha partido el silencio que ha inquietado mi alma por tantos años.
Ese documento deshace, también, el “lamentable error” que ha avergonzado mi madre, sus hermanos y su propia madre, mi abuela.
Desafortunadamente ninguno de ellos pudieron leer el documento de reparación concedido por el Estado español
Creo que he cumplido mi obligación, como nieta y como ciudadana.
Muchas Gracias.
Carmen Vargas Ganzelevitch
Se reproduce, a seguir, el discurso que presentó la nieta del profesor Vargas Corpas en el Instituto Cervantes.
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Instituto Cervantes – Brasilia – 7 de abril de 2011
A propósito de la Ley de Memoria Histórica y la República de los Maestros:
un homenaje a mi abuelo Placido Enrique Vargas
Buenas tardes,
Cuando le sugerí al director del Instituto Cervantes, don Pedro Eusebio, que promocionara una conferencia sobre la Ley de Memoria Histórica, mi intención fue la de compartir con la comunidad española de Brasilia una experiencia reciente, muy personal, y por lo que sé, inédita. También pensé que pudiera compartirlo con las personas que se interesan por la cultura de España.
Según estoy informada yo he sido la primera ciudadana española, residente en esta capital, a ingresar con un pedido de Reparación y Reconocimiento Personal a un ciudadano afectado por la guerra civil de 1936, un procedimiento previsto en la Ley de Memoria Histórica de 2007.
Esa Ley, para quien no lo sabe, permite la reapertura de procesos que fueron motivados por aquella guerra. Una guerra de tristes consecuencias para todos los españoles y que causó heridas que nos llevaron muchas décadas de sufrimientos.
Mi pedido fue enviado al Ministerio de Justicia, en España, por medio de los servicios consulares de la embajada de Brasilia. Y en octubre del año pasado he recibido finalmente la contestación. Me concedían la Declaración de Reparación y Reconocimiento Personal a la memoria de mi abuelo, Plácido Enrique Vargas Corpas, que fue maestro de la Escuela Normal de Granada.
Para mí era el fin de una larga historia y de una larga jornada.
Una historia con más de 70 años.
Y si no tuvo un final feliz, porque supuso la muerte violenta de mí abuelo, sí que permitió restablecer alguna justicia.
Al contarles mi experiencia, espero animarle a otros españoles e hijos y nietos de españoles a que busquen también información sobre sus ancestrales que fueron víctimas de la Guerra Civil.
-o-
Antes de seguir, me gustaría hacer una pequeña pausa para subrayar dos puntos que considero importantes:
El primero para decirles que mi narrativa no tiene cualquier propósito político que no sea el de saludar, con el sentido ciudadano, a la democracia española.
El segundo para darle las gracias a algunas personas que me han permitido estar hoy aquí para contarles mi historia:
A José Luis Entrala, historiador granadino, por las informaciones que nos aportó con su libro “Granada Sitiada”, pero también por su apoyo, incentivo y amistad;
A Ramón Panes, oficial del consulado español en Brasilia, por la atención y cuidados con los tramites de mi petición junto al Ministerio de Justicia;
Al director don Pedro Eusebio, por la receptividad a mi propuesta.
A Monica Barcelos, gestora cultural, a Ana Isabel Vargas, profesora, a Begoña Comenero, jefe de documentación, y a Norma Peixoto, bibliotecária, por el cariño y ayuda;
y a todos los amigos de Brasilia que están aquí hoy.
Muchísimas gracias a todos.
-o-
Nací en 6 de agosto del 45, seis anos después del final de la Guerra Civil, y en los momentos finales de la 2ª. Guerra Mundial. Fue exactamente en el día de la bomba de Hiroshima.
Mi madre era de Granada y mi padre de Tánger, Marruecos. Y fue en Tánger que nací y donde viví hasta cumplir dos años.
Después fuimos para España, donde nos quedamos hasta el año 53, cuando vinimos para Brasil. Mis padres tenían entonces cinco hijos y mi madre estaba embarazada del sexto, un niño. Mis padres decidieron buscar alternativas en el Nuevo Mundo y superar las dificultades de la vida en un país destrozado por la guerra.
Nosotros, los críos, no teníamos problemas, para aprender el portugués, hacer nuevas amistades, aprender nuevas costumbres, todo era diversión.
Para mis padres fue más difícil, por la distancia de la familia y la correspondencia con España que se iba poco a poco tornando más escasa.
En aquella época una carta llevaba casi un mes para cruzar el Atlántico.
En pocos años nuestra comunicación con España se redujo a las noticias que recibíamos cuando alguien se moría.
Algunas veces yo intentaba hablar con mis padres para recordar los sitios y las personas que habían marcado mí infancia en España, pero el ejercicio no iba lejos. A mi madre no le gustaba recordar lo pasado y raras eran las veces que solíamos ver las fotografías de aquel tiempo.
Poco a poco el pasado se estaba borrando.
La única cosa que mi madre hizo siempre cuestión era de conservar la lengua y los valores de la hispanidad. Dentro de casa solo se podía hablar español.
Nosotros sabíamos que una de las cosas que impedía mi madre de hablar del pasado estaba relacionada con la muerte de su padre. El había sido fusilado en 1936, durante la Guerra Civil. Mi madre nunca nos reveló los motivos de su muerte, ni las circunstancias en que pasó.
A veces mi padre intentaba añadir alguna información sobre el tema, pero mi madre lo impedía. El silencio no se rompía.
Lo que ella contaba era que mi abuelo había sido fusilado por un “lamentable error”. Lo único que había dejado era una carta de despedida, con muchos términos religiosos, donde pedía a su mujer y a sus hijos que fueran valientes para enfrentar las dificultades. También decía, como que justificando el lamentable error de que hablaba mi madre, que “Dios escribe derecho aunque parezcan a nuestra pobre mente, tan humana, renglones torcidos”
-o-
Volví a España, por primera vez, en 1988, 35 años después de haber salido de allí. Entonces empezamos mi marido y yo, una busca incansable para aclarar la muerte de mi abuelo.
Busqué a mis tíos, hermanos de mi madre, que todavía estaban vivos en Granada. Pensé que ellos, seguramente, me contarían todo.
Me equivoqué.
Ellos no hicieron otro cosa que repetir lo mismo que decía mi madre: que el abuelo era una persona muy religiosa y que todo no pasó de un gran y lamentable error.
Solamente muchos años más tarde, volviendo otras veces a España, fue que la historia se fue aclarando, con sus motivaciones y contextos. No directamente por mis tíos, sino que investigando en libros sobre el tema y buscando documentos en los archivos públicos.
Mi madre, mi padre y mis tíos, todos han fallecido sin jamás decirnos una palabra que no fuera repetir la historia del “error”.
Me he dado cuenta, además, que el silencio no era cosa solamente de mi familia. Lo encontré igualmente en casi todos los españoles y especialmente en los granadinos con quién intenté obtener alguna información. Era algo “endémico”. Poco a poco, a medida que iba conociendo lo que pasó en aquel entonces, pude comprender la razón del silencio y lo que significaba verdaderamente una guerra civil.
-o-
Mi abuelo era maestro de la enseñanza pública. Enseñaba en la Escuela Normal de Granada, la misma en que se había graduado en 1904.
Estaba a punto de jubilarse cuando España se transformó en una república, en el año 1931.
Y la república llegó con un gran programa político para democratizar la enseñanza y reducir el papel de la iglesia en el sistema educacional.
Se quería llevar la cultura y la enseñanza a toda la población pobre y marginalizada, con énfasis en las poblaciones rurales, donde la ignorancia significaba garantía de mano de obra para los barones locales. En el caso de Granada, eran los barones del azúcar de remolacha.
Mi abuelo no era más, entonces, un joven ilusionado por ideologías revolucionarias. Pero como viejo maestro, con la experiencia de enseñanza en los pueblos vecinos de Granada y Almería, seguramente ha creído que el programa republicano era la solución para Granada y para la propia nación española.
Mi abuelo ha participado de muchas de esas innovaciones. Con el hijo mayor se incorporó a una de las Misiones Pedagógicas, un programa que llevaba el cine, el teatro, la lectura y otras actividades culturales a las poblaciones lejanas, analfabetas y que jamás habían recibido la atención de los gobiernos anteriores.
Se menciona que en esa época se han instalado en toda España, algo como 5.500 bibliotecas. Por casualidad o causalidad genética, soy la coordinadora del proyecto cultural “Bibliotecas Casa do Saber”, que en los últimos casi cuatro años ha logrado crear 88 pequeñas bibliotecas en Brasília y otros dos Estados. Los libros vienen de donaciones de la población de Brasilia, incluso del Instituto Cervantes, y los demás costos son cubiertos por una empresa privada – la red GASOL de Combustibles. Algunas de ellas en las áreas rurales y dos en otros estados, en el interior de Maranhão y de Ceará. Esa experiencia, mayormente en las áreas rurales, es que uno siente más que en cualquier otro sitio las carencias culturales.
Cerrando este pequeño paréntesis, vuelvo a mi narrativa.
Por todo que se hizo entonces, aquella época pasó a ser llamada por los historiadores, con mucha propiedad, como la “República de los Maestros”.
Pero otras cosas no iban bien y la república tuvo grandes dificultades en mantenerse. En las elecciones de febrero del 36 las fuerzas políticas estaban muy divididas y la crispación era creciente.
Las elecciones fueran muy reñidas. Mi abuelo participó muy activamente de esas disputas y mencionan los relatos de la época que llego incluso a ser perseguido por opositores en un pueblo, donde solo pudo salir con la protección de la policía.
En varias municipalidades de la provincia de Granada las elecciones tuvieron que repetirse, por acusaciones de irregularidades. Algo semejante pasó en otras provincias.
Al fin, los republicanos han conseguido la mayoría. Pero la reacción no tardó mucho.
El día 18 de julio se declaró el golpe militar. Y tres días después Granada estaba bajo el control de las tropas rebeldes. Todos los dirigentes del gobierno local y los integrantes más destacados de los partidos que apoyaban el gobierno, así como los miembros del magisterio, fueron presos inmediatamente.
En la cárcel mi abuelo fue uno de los signatarios – muy probablemente bajo coacción - de una carta, del 8 de agosto, criticando los ataques aéreos que el gobierno republicano lanzaba sobre Granada para intentar retomar el control de la ciudad. Pero el bombardeo continuaría a pesar da la represalia del comandante de los rebeldes, que determinara el fusilamiento de aprisionados.
Poco después el gobierno de Franco empieza una gran reacción contra el sistema educacional republicano. Manda suspender de empleo y sueldo todos los maestros que de algún modo cooperaron con el régimen republicano. Se instalan, entonces, las Juntas de Depuración del Magisterio.
En la condición de miembro de un partido de izquierda y maestro, las posibilidades de mi abuelo sobrevivir eran completamente nulas. Su mujer, muy religiosa, buscó apoyo en la iglesia. Pero a pesar de todos los esfuerzos y ruegos de la familia, nadie ha conseguido cambiar lo que ya estaba decidido.
Después de tres meses en la cárcel, en la madrugada del 23 de octubre de 1936, Placido Vargas fue ejecutado por tiros de fusil delante de la tapia del cementerio de Granada,
El proceso de la Junta de Depuración contra mi abuelo, totalmente basado en declaraciones de ningún valor jurídico, solo fue terminado en octubre de 1940, cuatro años después de su muerte. Lo han sentenciado, entonces, a la separación definitiva del magisterio y baja en el escalafón respectivo.
Era lo mismo que una nueva codena de muerte para un hombre que había vivido para la enseñanza y que encontrara en la militancia política el mejor camino para que la instrucción se hiciera el más democrático derecho de sus conciudadanos.
-o-
La apertura de los archivos de la Guerra Civil y la ley de Memoria Histórica aprobada por los gobiernos democráticos de España, me han permitido conocer lo que le había pasado a mí abuelo y pedir la reparación que la ley permitía.
Hoy me siento inmensamente feliz por haber conseguido rescatar la dignidad de la memoria de mi abuelo e la reparación moral por las injusticias de que ha sido víctima. Este documento es la prueba definitiva de que se ha partido el silencio que ha inquietado mi alma por tantos años.
Ese documento deshace, también, el “lamentable error” que ha avergonzado mi madre, sus hermanos y su propia madre, mi abuela.
Desafortunadamente ninguno de ellos pudieron leer el documento de reparación concedido por el Estado español
Creo que he cumplido mi obligación, como nieta y como ciudadana.
Muchas Gracias.
Carmen Vargas Ganzelevitch
domingo, 21 de março de 2010
Las contribuciones de José Luis Entrala
La búsqueda por más informaciones sobre el gran misterio de nuestra familia, la muerte de Plácido Enrique Vargas en 1936, nos llevó al libro de José Luis Entrala, “Granada Sitiada 1936-1939”. Luego se da uno cuenta que el autor tiene un gran compromiso con la historia de Granada y, además, en aportar con imparcialidad nuevas informaciones que permitan mejor comprender lo que llevó los españoles a los hechos que resultaran en la peor pagina de su historia. No tuvimos duda en buscarlo, aun que, por distantes en Brasil y sin conocerlo, temíamos no recibir contestación. Pero nos ha sorprendido; no solo contestó prontamente a nuestro email, como se dispuso a consultar sus archivos para ayudarnos con más datos y referencias. Sus informaciones han iluminado nuestro trabajo y nos estimuló en seguir adelante. Su contribución no podría, por lo tanto, dejar de constar en este espacio, especialmente ahora que acabamos de adicionar los documentos obtenidos junto al Archivo General de la Administración relativos al proceso contra Plácido Vargas.
Cuando, hace unos días, le consultamos sobre divulgar aquí sus informaciones, más una vez prontamente nos contestó dando-nos su autorización.
Aquí está:
“Hola Maricarmen:
Ya puedo contestarte algunas cosas, aunque lamentablemente no son todo lo concretas que tu y yo quisiéramos. Pero ahi van:
1. Las notas publicadas por el diario "Ideal" con las listas de maestros a los que se suspende de empleo y sueldo afirma claramente que son maestros "afectos a la Asociación de Trabajadores de la Enseñanza". Esta Asociación era de carácter marcadamente socialista y muchos de su miembros activistas del Partido Socialista Obrero Español (PSOE). Plácido Vargas lo era sin duda y así se demuestra con el documento que ustedes tienen sobre su participación en las elecciones del 16 de febrero de 1936 en representación del Frente Popular (uno de cuyos partidos asociados era el PSOE).
2. Plácido Vargas tuvo la "desgracia" también de ser un intelectual destacado en su calidad de catedrático de la Escuela Normal de Maestros de Granada. Era pues, un "maestro de maestros".
3. El hecho, que yo no pongo en duda, y como afirman algunos de tus tíos, de que Plácido fuera buena persona y católico convencido no fue tenido en cuenta. Ni en él ni en tantos otros que como él que cayeron en aquellos días.
Para el comandante Valdés, jefe de la rebelión nacionalista en Granada (a cuyos hijos y nietos conozco personalmente), en aquellos momentos había un enemigo a batir; todo el que fuera politico de izquierdas, simpatizante o intelectual. Y tu abuelo unía todos estos motivos. Era victima segura desde el momento en que le detuvieron. Fue uno mas de los profesores, catedráticos, escritores o poetas que habían manifestado su simpatía por algún partido de izquierda o que, simplemente, no querian saber nada de militares, falangistas y gentes de la extrema derecha.
4. En resumen; a tu abuelo le mataron por ser socialista y por ser intelectual. Como a Garcia Lorca (que en este caso se sumaba ser homosexual) y como a tantos otros.
O simplemente porque le caía especialmente mal a alguno de los "escuadristas" encargados de los asesinatos. Hubo muchos casos asi y tu abuelo seguramente tenía enemigos y envidiosos en la misma Escuela Normal, entre compañeros de profesión o, sin duda, entre los que se arrogaron la misión de "limpiar" a Granada y a España de "rojos".
Tampoco esto es fácil que se sepa nunca.
La fecha de su muerte
Sobre la fecha podíamos discutir durante años. Pero anticipo que el hecho de contar con una partida de defunción fechada no quiere decir nada. Esas partidas se hicieron para "legalizar" los asesinatos y las fechas se ponían muchas veces a voleo. Lo más seguro es que muriera bastante antes. Y creo que nunca se podrá saber. Fijate que en el caso de Garcia Lorca, que se ha investigado hasta el límite, tampoco hay seguridad.
A tu abuelo le encarcelaron por ser quien era. Y le mataron, posiblemente en una de aquellas represalias por los bombardeos aéreos. Pudo ser en agosto en septiembre o en los primeros dias de octubre de 1936.
La partida de defunción
En la partida de defunción de tu abuelo hay un dato muy curioso y macabro.
El que firma como secretario es José Jimenez de Parga, un destacado falangista de primera hora y miembro importante de las "escuadras del amanecer" que sacaban a los presos de la cárcel para subirlos hasta las tapias del Cementerio y alli fusilarlos. O para arrojarlos a cualquier otro sitio.
Digo que es curioso que quien firma certificando la muerte de tu abuelo pudo ser uno de los que lo mataron. Conste que no lo afirmo, porque no tengo ninguna certeza. Solo digo que José Jimenez de Parga destacó mucho en esta labor, como es público y notorio.
Yo fui compañero de colegio en los años 40 de un sobrino suyo. y otro sobrino, Manuel Jimenez de Parga, ha sido catedratico de derecho, ministro con la democracia y politico muy importante.
Lógicamente las culpas de su tio (y quizás de su padre) no pueden recaer sobre quienes eran niños chicos en aquel turbulento verano de 1936.
La carta desde la cárcel
La carta que firmó tu abuelo junto a otros destacados politicos encarcelados no tiene duda.
Por una parte demuestra de nuevo que tu abuelo fue un personaje importante de la izquierda cuya firma interesaba poner (en la cárcel habia miles de personas a las que nadie pidió su firma).
Y por otra, demuestra que estaban muy asustados porque cada día y cada noche veían sacar a sus amigos y compañeros para no volver a verlos. Ese pánico justifica de sobra la carta que seguramente es auténtica y que firmaron personajes fundamentales que caían fusilados muy poco después.
La carta no sirvió de nada a quienes la firmaron con la esperanza de que jugaría a su favor en la mente de quienes les tenían presos.
La muerte del Comandante Valdés
Si les puede servir de consuelo sepan que el Comandante Valdés, fue tan violento y tan feroz que llegó a asustar a la misma gente de derechas. Desde Granada se presionó a Franco para que le sacara del cargo de Gobernador Civil que ostentaba, con absoluto despotismo. Y asi fue porque en 1937 fue trasladado al frente de batalla y sufrió una herida de guerra que acabó con su vida antes de que terminara la Guerra Civil.
Y, como dato estremecedor, la sociedad granadina casi al completo, le dio de tal manera la espalda que a su entierro apenas asistió nadie y el diario "Ideal" apenas dio espacio ni titulares a la noticia de su muerte. Y eso era en los comienzos de 1939, apenas dos años y medio después de su trágica jefatura.
Final... por ahora
Una vez más quiero decirte que el trabajo que he leído de tu marido es excelente. Y lamento decirte que poco mas se podrá saber nunca sobre la muerte de tu abuelo. Sería una casualidad encontrar a alguien que supiera de él. Porque esa persona tendrá ahora 90 años por lo menos. Pueden existir testimonios escritos de su vida profesional y politica, pero de sus últimos días creo que no.
De todas formas prometo seguir investigando donde y cuando pueda. Le preguntaré al mismisimo Ian Gibson (el mejor investigador y mas conocedor de Federico Garcia Lorca) por si él tiene algo. Y procuraré buscar en la Escuela Normal de Granada y en la delegación de Educación.
Por último, aprovecho para disculparme por una errata que he visto ahora en mi libro y que me había pasado desapercibida. Unas veces nombre a tu abuelo como Vargas Corpas y otras como Vargas Corpus. No se si la culpa es mía o de la imprenta que compuso el texto, pero finalmente yo soy el responsable y por eso les pido perdón.
Seguiremos en contacto.
Un abrazo para ti, para tu marido y para todos los tuyos
José Luis Entrala Fernández”
[agosto de 2006]
La depuración de maestros y el proceso de Plácido Vargas Corpas
Quizás una de las peores herencias del régimen franquista ha sido el de haber desarrollado múltiples mecanismos para ejercitar la venganza contra los vencidos de la guerra civil del 1936-39. Al hacerlo mantuvo durante años seguidos la división entre los españoles y la institucionalizó. El terror, al estilo del sistema inquisitorial, ocupó el lugar de la pacificación y convirtió en una herramienta, mejor dicho, un arma, para impedir durante décadas el ejercicio de la democracia. Sara Ramos Zamora menciona las formas “legales” que adquirió ese terror : La Ley de Responsabilidades Políticas, de 9/2/1939; la Ley de Represión de la Masonería y el Comunismo, de 1/3/1940; el decreto del Ministerio de Justicia, de 26/4/1940, que instituya la “Causa General”, un sistema de incentivo a la delación; y el decreto de 10/10/1936 bajo el cual se establecieron las Comisiones Depuradoras para los funcionarios docentes, el sistema para sacar del servicio de enseñanza a los maestros que hubieron sido identificados como activos republicanos ó solamente simpatizantes de la causa republicana.
La justificación política hubiera sido dada por el propio gobierno republicano que, al asumir el poder en el año 1931, estableció como prioridad la enseñanza universal y decretó el fin de la influencia de la iglesia católica sobre la educación en España. No por otra razón algunos autores han llegado a denominar la segunda república española coma “la República de los profesores”.
El escritor catalán Joseph Pla, mientras acompañaba en Madrid los debates sobre la constitución republicana registró:
“La instrucción pública, sobre todo la instrucción primaria, es, en este momento, un motivo de interesantes desvelos por parte de los diputados constituyentes. Se percibe con toda claridad que la Segunda República Española, siguiendo el camino de la Francesa, se organizará, electoralmente hablando, en los pueblos, alrededor del maestro laico, considerado como elemento de oposición al cura párroco, esto hace que los maestros se pongan de moda y sean objeto de la admiración y de la solicitud general” .
Morente Valero, autor de varios estudios sobre los procesos de depuración de la guerra civil, al discutir la adhesión de los maestros al llamamiento republicano, afirma que “…si no se puede sostener sin más que el Magisterio fue republicano, sí se puede afirmar, sin que algunas excepciones puedan desvirtuar la sustancia de lo dicho, que el sector del Magisterio más preocupado por la innovación pedagógica y más comprometido con la idea de una escuela agente del cambio social fue inequívocamente republicano. Y pagó un altísimo precio por ello” .
Para ese estudioso del tema, al asumirse un papel con estas características los maestros se irían convertir durante el verano de 1936 en “una de las piezas más codiciadas de los militares, falangistas, requetés y, en general, de todos aquéllos que, más o menos organizadamente, asesinaran sin medida en la España “nacional””.
El maestro Vargas Corpas, por las indicaciones que de el se conocen, parece haber comprendido su misión de la forma interpretada por Joseph Pla. Además, estaría, como calificaría Morente Valero, entre los republicanos preocupados con la innovación pedagógica y con el papel de las escuelas como agentes del cambio social que España necesitaba. Y por ello pago el precio alto, en el verano granadino del 36, cuando se transformó en un trofeo de caza para el comandante Valdés.
Muchos otros maestros que, como él, se encontraban en las ciudades que recibieron el primer impacto del movimiento de los “nacionales” encontraron la muerte bajo la sed de venganza que marcó aquellos momentos. Los demás tuvieron que sufrir los procesos de depuración a medida en que las tropas de Franco conquistaban nuevas posiciones en el mapa de la guerra.
No contento de “depurar” a los maestros vivos, el franquismo se dió al trabajo de hacerlo contra los maestros muertos, que ya habían pagado con la vida el hecho de estar en la banda contraria. Ibáñez se asumió la responsabilidad, de esa manera, de “justificar” y dar “amparo legal” a los crímenes de los militares franquistas.
El proceso de depuración aplicado al maestro Plácido E. Vargas Corpas es un ejemplo de lo absurdo que fue esa labor terrorista.
Plácido fue aprisionado con la gran mayoría de los funcionarios y oficiales de la alcaldía granadina en los primeros días del alzamiento franquista del 19 de julio de 1936. En el mes de agosto ó septiembre, fue asesinado a mando del comandante José Valdés, probablemente como represalia a los bombardeos que las fuerzas republicanas hacían sobre la ciudad con la intención de reconquistarla militarmente. No hubo una acusación, ni un juzgamiento. Antes de ser preso era un civil, en el ejercicio de sus funciones legales. Cuando lo fusilaron era un prisionero desarmado y sin capacidad de amenazar a las fuerzas que controlaban la ciudad. Antes de la ejecución Valdés utilizó la notoriedad de Vargas Corpas para hacerlo firmar, con algunos de los otros detenidos, una carta de protesta contra los bombardeos republicanos a los sitios públicos de Granada.
La “depuración de maestros” se transformó en un proceso para emplear los simpatizantes del franquismo y de la iglesia, para subir en los escalafones profesionales, y para el ejercicio de venganzas personales.
La primera experiencia republicana en España había ocurrido en el siglo XIX, a consecuencia de la renuncia del rey Amadeo I, en el ano 1873. Al final de 1874 se restauró la monarquía con Alfonso de Bourbon. La segunda ha sido proclamada en 14 de abril de 1931 con la victoria electoral de los partidos republicanos y fue encerrada con la victoria definitiva de Franco, en el 1 de abril de 1939.
DOCUMENTOS DEL PROCESSO
Documento 1
"En la relación de antecedentes e informes referentes a los Maestros de esta Capital y provincia facilitada por la Comisaría de Investigación y Vigilancia y que obra en poder de esta Comisión, aparecen los siguientes referentes al Maestro:
“DON PLACIDO E. VARGAS CORPAS.
Trabajador de la enseñaza, según consta en la ficha firmada con fecha febrero 1936, figura como persona de confianza de las izquierdas en la lista encontrada en el Gobierno Civil; Es protector del Socorro Rojo, constituye el partido comunista en Cañar con un tal Heredia y perteneció a I.R.”
Granada 18 enero 1937.
El Secretario,
José Morell
[Nota: I.R. = Izquierda Republicana]
Documento 2
“Según relaciones en poder de esta Comisión remitidas por el Sr. Habilitado del Magisterio Primario de Granada, D. PLACIDO E. VARGAS CORPAS, Maestro de Granada, abonó por conducto del mismo a la Asociación Trabajadores de la Enseñanza, los recibos de septiembre de 1935 a junio de 1936.
Granada 27 enero 1937
El Secretario
José Morell
Documento 3
“En la segunda relación de antecedentes referente a los Maestros de esta Capital y Provincia, facilitada por la Comisaría de Investigación y Vigilancia, relacionada con la filiación de los mismos a la Sociedad “Trabajadores de la Enseñanza” aparece lo que sigue:
“D. Enrique Vargas Corpas
Figura con el nº 73 de la segunda relación de los T. de la E.”
Granada 18 de Febrero de 1.937
El Secretario
José Morell
[Nota: “T. de la E.” = trabajadores de la enseñanza]
Documento 4
"El Secretario de esta Asociación, nombre de la Junta Directiva, informa:
Que, aun cuando no de malfondo, su afán de figurar lo llevo a ser dirigente y electorero del frente popular.
Granada 5 de Marzo de 1937.
El Secretario.
Juan Ubera Ibáñez
Documento 5
"D. PLACIDO VARGAS CORPAS
Maestro de Sección de la Graduada aneja a la Normal, muy destacado en la política local.
- Perteneció primero al partido radical socialista y después a Unión Republicana.
- Fue uno de los que más se distinguieron el la lucha por el advenimiento de la República.
- Activo propagandista de izquierdas en Granada y pueblos de esta provincia.
- Desarrolló también sus actividades izquierdistas cerca de los Gobernadores y Alcaldes republicano-socialistas.
- Detenido al producirse el movimiento salvador de España.
Este informe ha sido facilitado por la alcaldía de Granada acompañando al oficio fecha 16 de marzo de 1937 que se conserva en este archivo.
Granada 1 de abril de 1937
p/ El Presidente
José Morell
Documento 6
“Recibida la atenta comunicación de la Comisión Depuradora del Magisterio referente a la conducta de D. Placido E. Vargas Corpas, el cura de San Ildefonso de esta Ciudad:
Informa: que me es desconocida en absoluto su actuación por no conocerlo, pero de los informes adquiridos resulta ser de ideas avanzadas.
Granda 3 de noviembre de 1937, II año Triunfal
Manuel García, [al lado del timbre de la Parroquia de S. Ildefonso}
Sr. Presidente de la Comisión Depuradora del Magisterio
Documento 7
“Tengo el honor de participar a V. que en el Defensor de Granada nº 30533 del jueves 16 abril 1936 existe relación de los señores que asistieron a un banquete político de izquierdas, entre los que figuraba el Maestro Nacional Don PLACIDO ENRIQUE VARGAS CORPAS, representando a la Asociación Provincial del Magisterio, entre otros varios.
Dios guarde a V. muchos años.
Granada 19 noviembre 1937
SEGUNDO AÑO TRIUNFAL
El Comisario Jefe
[ilegible]
Sr. Presidente de la Comisión Depuradora del Magisterio Letra D.
Granada
Documento 8
“Em cumplimiento a su respetable escrito nº 2769 de fecha 15 de septiembre pasado referente a que se informe de la conducta, profesional social y particular del Maestro de Escuela cuyo nombre al margen consigno [Placido E. Vargas Corpas]; tengo el honor de participar a V.S. que según informes adquiridos el referido individuo es persona de extrema izquierda, propagandista de dichas ideas y muy peligroso para la Causa Nacional, habiéndosele aplicado el Bando de Guerra por sus ideas extremistas.
Dios guarde a V.S. muchos años.
Granada 3 de Octubre de 1938
III Año Triunfal
El Brigada
Pedro Contreras Contreras
Sr. Presidente de la Comisión Depuradora del Magisterio Primario
Granada
[Nota: esta es una declaración de la Policía, y aquí se afirma que Placido habia sido muerto [aplicado el Bando de Guerra] por sus ideas.]
Documento 9
"(…) que suscribe. Párroco de Santa Maria Magdalena de Granada
Informo: Que D. Plácido E. Vargas Corpas, a quien se refiere la precedente requisitoria, fue feligrés de esta Parroquia durante mas de quince años, en el domicilio que se cita y según mis referencias fidedignas, militó durante la República laica en política de izquierdas; teniendo la creencia muy fundada de que de el partió la persecución contra la Juventud Católica de esta Parroquia, determinando con sus denuncias, que fueron detenidos colectivamente los jóvenes una noche que estaban reunidos celebrando un circulo de estudios reglamentario y legal conforme al reglamento aprobado por las autoridades que entonces “gobernaban”. Además tengo entendido que a dicho Señor Vargas se le instruyó sumario durante el Glorioso Alzamiento Nacional y se le fuziló. Granada veiteuno de noviembre de mil novecientos trinta y nueve. Año de la Victória.
asig. D. Manuel Hurtado]
21 de noviembre de 1939
Documento 10
Pagina del boletín oficial
“Por el presente, en cumplimiento de lo taxativamente establecido por el artículo 3º de la Orden aclaratoria de 10 de Noviembre de 1936, dirigida al Excmo. Sr. Presidente de la Comisión de Cultura y Enseñanza, a los efectos de lo prevenido en dicho artículo, y en atención a no encontrarse en el lugar de su respectivo destino, ni ser conocido por esta Comisión su actual domicilio, se requiere por la presente a los señores Maestros Nacionales:
D. Antonio Madrid Aranas, de Huéscar.
D. Clemente Linares Fernández, de Casanueva (Pinos Puente).
D. Diego Collado Ferrer, de Rejano (Caniles).
D. Plácido Vargas Corpas, de Granada.
D. Cristóbal Contreras Fernández, de Tablones (Motril),
Para que en el plazo improrrogable de diez días, que se contarán a partir de la fecha de inserción de este requerimiento en el Boletín Oficial de la provincia, señale cada uno, con la necesaria exactitud, cual sea su domicilio actual, bajo apercibimiento de que si no lo hiciere ante esta Comisión Depuradora o no se recibiese por esta su declaración en el plazo citado, se seguirá sim más trámites el expediente que en dichas disposiciones se le instruye como si hubiese sido oído hasta dictarse la resolución que en el mismo fuere pertinente.
Granada, 22 de Julio de 1940.
El Presidente accidental, J. Figueruela.
El Secretario, José Morell
[Se llama la atención al lector para la expresión al final de la pagina: “El Caudillo manda. España obedece.”]
Documento 11
“Excmo. Sr. Ministro de Educación Nacional
Excelentísimo Señor
Visto el expediente incoado al Maestro Nacional que fue de GRANADA, D. PLACIDO E. VARGAS CORPAS, suspenso de empleo y sueldo por disposición gubernativa inserta en el Boletín Oficial de la Provincia fecha 4 de septiembre de 1936.
RESULTANDO que informó la Policía, el Habilitado del Magisterio, la Asociación de Maestros Católicos, el Alcalde, Párrocos de Santa Mª Magdalena y S. Ildefonso y Comandante del Puesto de la Guardia Civil de Granada.
RESULTANDO que en el Boletín Oficial de la Provincia fecha 13 de agosto de 1940 apareció requisitoria para que señalase su domicilio sin que dicha requisitoria diese resultado alguno.
CONSIDERANDO que según aparece en el expediente y ha confirmado verbalmente la Policía a esta Comisión dicho Maestro ha sufrido la sanción de la Justicia en su grado máximo y que los informes que aparecen en su expediente revisten suficiente gravedad.
La COMISION DEPURADORA DEL MAGISTERIO PRIMARIO DE GRANADA ha acordado por unanimidad proponer a V.E. la SEPARACION DEFINITIVA DEL MAGISTERIO del Maestro Nacional que fue de GRANADA D. PLACIDO E. VARGAS CORPAS.
Vuecencia no obstante resolverá lo que estime pertinente.
Dios guarde a V. E. muchos años.
Granada 3 de octubre de 1940.
El Presidente,
José Figueruela"
Estes documentos se encuentram en el
ARCHIVO GENERAL DE LA ADMINISTRACION
LEGAJO DEPURACION MAESTROS 177, expte. 36.

domingo, 25 de março de 2007
No se puede olvidar
Plácido Enrique Vargas Corpas:
algunas noticias sobre su muerte en la Guerra Civil Española
Introducción
La guerra civil española (1936-39) produjo un número muy grande de víctimas. No solamente en los frentes de batalla pero, también, en las ejecuciones de civiles por milicias formadas por grupos más radicales de las bandas en conflicto. Se estima que murieron entre 700 mil y 1 millón de personas.
Esa guerra fue motivo de amplio interés por parte de la opinión pública mundial debido a la intensa disputa ideológica que despertó entre adeptos del comunismo, del anarquismo, de la social-democracia, del nacionalismo y del fascismo. Se creía, además, que el resultado de la guerra civil en España podría modificar el equilibrio político en Europa.
Lo que se pasaba en España en aquellos años 30, en el campo político, era apenas una parte de lo que se pasaba en Europa y en otras partes del mundo. Europa, principalmente, pasaba por un importante proceso de transformación política, intentando deshacerse de la pesada carga de los viejos sistemas monárquicos. Es verdad que la burguesía ya había alcanzado el poder y logró consolidarlo a lo largo del siglo XIX. Además, ya había puesto en marcha la revolución industrial, pero los beneficios de tantos avances no llegaban a las bases de la sociedad: ni a las clases obreras ni, mucho menos, a los campesinos. Al iniciarse el siglo XX el socialismo y el comunismo ganaban espacio en la escena política europea. Más que otros cambios, la conquista del Estado ruso por un movimiento comunista pasó a significar, en aquel entonces, un ejemplo para las organizaciones de las clases obreras de otros países. Era, al mismo tiempo, una fuente para la agitación en el seño de las izquierdas y justificativa para la represión por parte de las derechas.
Más que deshacerse de las viejas monarquías las fuerzas políticas progresistas buscaban en Europa una forma de gobierno que permitiera una mayor participación de las masas en la política y en la sociedad[1]. Además, la república era el régimen de los jóvenes países de América y pasó a ser elegida como forma ideal para dar soporte a los nuevos ideales en Europa. Significaba ampliar el derecho de voto para todos, ampliar el derecho a los representantes de las clases obreras y campesinas a ser votados. Significaba, también, reconocer el derecho de las masas a la enseñanza universal y gratuita, y eso es lo que más interesa puesto que Plácido Enrique era un maestro de enseñanza, que conocía muy bien las limitaciones de la educación publica, principalmente en los pequeños pueblos rurales de la provincia granadina, en España. Tendría, más que nada por amor a su profesión, razones justas y suficientes para que se adoptara de pronto la república como ideal político. Y parece que a él se dedicó con sinceridad y responsabilidad.
El problema que suele pasar con los cambios políticos más estructurales es que a los grupos que más luchan por las mudanzas les sobran fuerza de razonamiento, pero les faltan fuerza de organización. Eso, en cambio, es lo que tienen siempre de sobra la iglesia y las instituciones burocráticas más tradicionales, principalmente, para esos temas, el ejército, por el hecho obvio de detener la fuerza de las armas.
Ha sido ese el caso de muchas de las nuevas repúblicas del final del siglo XIX y del principio del XX. Para quedarnos allí cerca, en la misma Península, la república portuguesa creada en 1910 poco pudo sostener sus ideales liberales. Tras una secuencia de golpes los militares asumieron el poder y encargaron al católico y tradicionalista Oliveira Salazar la conducción del gobierno para las cuatro décadas siguientes. Situaciones semejantes se repitieron en Alemania, en Italia, en Grecia y en muchos otros países.
La república en España había sido creada en 1931. Pero ya en 1932 los partidos favorables a la antigua orden reasumieron el poder. Fueron nuevamente derrotados en las elecciones de 1936, en un proceso muy disputado, con abusos de toda suerte por parte de los tradicionalistas, notadamente en Granada. Al fin, las corrientes políticas republicanas ganaron, pero el nivel de enfrentamiento había crecido demasiado.
La cronología de la guerra civil española marca el inicio de los conflictos en el 18 de Julio de 1936 cuando el general Francisco Franco, entonces comandante de las tropas españolas asediadas en Marruecos, a la época un protectorado de España, se puso al frente de un grupo de militares rebeldes, descontentes con los rumbos del gobierno.
Las bandas en lucha eran los “republicanos” y los “nacionalistas”. Los “republicanos” habían conquistado el gobierno en las elecciones de febrero de 1936. Representaban la legalidad constitucional. Dirigían ese gobierno los partidos republicanos junto con los socialistas, con apoyo de comunistas y anarquistas. Los “nacionalistas” eran los opositores al régimen republicano, la alta burguesía, la iglesia y grandes propietarios rurales, que apoyaban el golpe militar de Franco. Eran contrarios a las políticas que el gobierno pretendía implementar, principalmente: la separación de la iglesia y del estado, la reforma agraria, la libertad sindical, etc. Franco tuvo el apoyo militar de Mussolini y de Hitler, mientras Stalin proporcionó algún apoyo al gobierno republicano. Por los ideales libertarios, muchos jóvenes intelectuales de otros países se alistaron en las fuerzas republicanas.
Invierno del 1936: las elecciones de febrero y la prisión de Plácido Enrique
La derecha estaba muy atenta en Granada y tenía muy bien identificados “sus enemigos”, principalmente desde los duros embates trabados durante las elecciones de febrero de aquel año. Y es en aquellos momentos delicados que vamos a encontrar la primera referencia a la presencia de Plácido Enrique como miembro del grupo republicano. Entonces, los “caciques” trataban de hacer todo lo posible para mantener el control de la situación, incluso con el poder de la violencia, principalmente en los pequeños pueblos de la provincia. Plácido fue protagonista en un caso que pasó en el pueblo de Güéjar Sierra, en la Sierra Nevada, a unos 20 kilómetros de la capital. Eso está descrito en “Caciques contra Socialistas”[2] , un alentado volumen donde se hizo un detallado análisis de lo que sucedió en Granada durante aquellas elecciones.
Reproducimos lo que relatan los autores:
“Del mismo modo, en Güéjar Sierra, al parecer otra de las fortalezas electorales privativas del caciquismo agrario-popular, la actuación de escopeteros y bandas armadas fue decisiva. Allí, los apoderados e interventores del Frente Popular, un catedrático de Instituto (Daniel Ferval), un maestro nacional (Enrique Vargas Corpas) y un obrero (Francisco Gil) fueron detenidos, despojados de sus acreditaciones y conducidos presos a la cárcel provincial durante el día de elección. Veamos el elocuente relato de los hechos que, aunque no dejen de tener una cierta animosidad anticaciquil y antiderechista, son bien relevantes de lo que venimos apuntando:
En forma brutal les despojaron de la documentación electoral. A empellones les recluyeron en una inmunda corraleta del Ayuntamiento. Un vecino intentó darles acogida en su casa, pero una turba de salvajes la rodeó e intentó quemarla. Tuvieron que volver a la corraleta, no sin sufrir durante el trayecto pedradas, palos y denuestos soeces. Las “autoridades” del pueblo habían discurrido un truco para justificar la detención: declararles voceadores del comunismo libertario. El secretario del Ayuntamiento y el juez suplente les tomaron solemne declaración, y a las tres de la tarde una pareja de la Guardia Civil los conducía a la cárcel de Granada, donde estuvieron hasta el día siguiente. Habían salvado la vida, pero no la elección, que en Güéjar Sierra se simuló con todo desahogo, sin el menor respeto a la ley. Los caciques contaban de antemano con la impunidad. Llevaban un mes celebrando manifestaciones monárquicas en que se injuriaba a las instituciones republicanas y se asaltaban los domicilios de los izquierdistas. Lo sabía el gobernador Sr. Torres Romero, a quien se lo denunció, dándole los nombres, el Sr. Almoneda; pero la denuncia motivó la detención de los denunciantes, nunca la de los perturbadores, que gozaban patente de corso.”
Según los autores, los resultados de esa elección apuntados por las urnas parecen comprobar lo sucedido: el Bloque Nacional (partidos de derecha) consiguió nada menos que el 100% de los votos (2.056) contra ninguno para los candidatos de la Frente Popular. En otros 45 pueblos los resultados fueron similares, con el Bloque Nacional conquistando más de 90% de los votos.
Un punto que es interesante mencionar con respecto a la presencia de Plácido Enrique en Güéjar Sierra es que ese era el quinto más populoso de esos 46 pueblos, lo que puede traducir la importancia del grupo en que él hacia parte y que allí iba a representar los intereses del Frente Popular. Además es curiosa la composición del grupo: un catedrático, un maestro nacional y un operario, lo que parece indicar una fuerte participación de las elites culturales en soporte a las ideas republicanas, aunque en los grupos más moderados.
El Frente Popular ha conseguido en la justicia que se hicieran nuevas elecciones en casi todos esos pueblos y los resultados finales fueron bastante distintos de los iniciales. Los candidatos del Frente Popular han reconquistado el poder en Granada, y en toda España y empezaron a retomar los proyectos de los ideales republicanos. Los sueños de aquellos granadinos, sin embargo, han durado muy poco, solamente hasta el verano.
Verano del 1936: La prisión y muerte de Plácido Enrique
Inmediatamente a la sublevación de Franco los militares golpistas han buscado asumir el control de las provincias donde estaban las unidades bajo su comando. En Granada, aunque el General Campins, comandante militar de la zona en aquel momento, no tuviese la intención de unirse a los golpistas, fue forzado a firmar una declaración de “estado de guerra”. Pero su documento, datado de 20 de Julio y divulgado por la prensa el día siguiente,[3] demostraba sus dudas cuando concluía: “Granadinos: por la paz perturbada, por el orden, por amor a España y a la República, por el restablecimiento de las leyes del trabajo, espero vuestra colaboración a la causa del orden.” Y cerraba con un “Viva España” y un “Viva la República”. Algunos días después Campins fue preso y fusilado por sus “camaradas” en Sevilla. Ni su amistad con Franco lo salvó.
En los días que se siguieron las prisiones de Granada se llenaron de “izquierdistas”. Todas las autoridades locales y todos aquellos que ocupaban un puesto en la administración pública fueron privadas de la libertad. Lo mismo pasó a todos aquellos que frecuentaban el Centro Artístico y Literario, un espacio para reuniones y encuentros de naturaleza política. Plácido formaba en ambos los grupos.
No está claro todavía en que día los golpistas pusieron a Plácido Enrique en la cárcel. El motivo si: por ser republicano y activista debía ser forzosamente un izquierdista! Siquiera ha tenido tiempo y oportunidad para ser un opositor y hacerse en armas contra el régimen de Franco. Es probable que mismo delante del pelotón que le quitó la vida, no pudiera imaginar los años de luchas y sufrimientos que el pueblo español tendría que enfrentar.
Sabemos ahora que se le atribuye la subscrición, juntamente con otros encarcelados, de una carta de protesta contra los bombardeos que las fuerzas gubernamentales hacían contra los cuarteles de los militares golpistas de Granada. Ese episodio ocurrió el día 8 de agosto y, por ahora es un documento importante apenas para comprobar que en esa fecha ya estaba en la prisión. Cuanto a su importancia para que se pueda conocer mejor sobre las ideas y posiciones de Plácido Enrique con relación a los asuntos que menciona, hay que considerarse que, por principio, no deben merecer credibilidad cualquiera manifestación de una persona privada de la libertad. Mucho menos bajo el tipo de amenazas que salían todos los días en la prensa, que asimismo deberían ser mucho más blandos de los que se lanzarían a los detenidos.
La carta fue reproducida por él periódico “Ideal” [4]. No es difícil imaginar el motivo para se hiciera publicar esa carta. En aquellos momentos los cuarteles y campamentos de las fuerzas militares golpistas estaban bajo intensos ataques aéreos del ejército republicano. Esos ataques molestaban mucho a los “nacionalistas”. No tanto por los daños militares sino por los daños morales a su autoridad. Es que las bombas provocaban daños y muertes a muchos civiles a consecuencia de la poca precisión de los aviones. Como los “nacionalistas” no disponían de aviación y de equipos antiaéreos suficientes para defender la ciudad, su “autoridad” resultaba muy disminuida y sujeta, quizás, a reacciones por parte da la población civil. Adoptar medidas muy fuertes de represalia en contra de los ciudadanos aprisionados podría ser un arma importante.
Nota de la Comandancia Militar del día 7 de agosto, un día después de uno de los más fuertes bombardeos que sufrió Granada, decía[5] que: “En la madrugada de hoy y como represalia de guerra por el bombardeo que sufrió esta ciudad en la tarde de ayer, han sido fusilados veinte individuos presos en la prisión provincial. Así estaba ordenado en el Bando del pasado 31 de julio.”
En este contexto no se puede adoptar por seguro que Placido Enrique hubiera firmado por voluntad propia la carta datada del día siguiente a esa nota. Los términos mismos del documento permiten que se establezca la duda sobre su autenticidad. Justificando su protesta los presos decían que “nuestro dolor ha llegado a su colmo cundo por la prensa de esta mañana nos hemos enterado del imperdonable atentado artístico que supone bombardear la Alhambra”. Pero la parte más improbable es cuando afirman que “somos enemigos de toda violencia y crueldad y así queremos hacerlo público desde esta cárcel donde vivimos días de angustia, serenamente confiados en la caballerosidad de los militares españoles”.
El autor del libro donde se han obtenido estas citas añade sus propias conclusiones: “Dos anotaciones a la carta. El fusilamiento de todos ellos fue la contestación a su confianza “en la caballerosidad”, y el bombardeo de la Alhambra tenía un cierto sentido ya que, junto al Hotel Washington, había un cuartel de milicias”.
No se conoce todavía que tipo de juzgamiento tuvo Plácido Enrique y porque lo condenaron. Solo se conoce, por ahora, su certificado de defunción obtenido junto al Registro Civil de Granada. Ese certificado informa que su muerte ocurrió el 23 de octubre de 1936, en consecuencia de “heridas causadas por arma de fuego”. Pero tampoco esa es una información segura. José Luis Entrala afirma que él hubiera sido asesinado antes del día 3 de septiembre. Lo que parece cierto es que la enorme cantidad de fusilamientos que los generales de Franco han mandado hacer en aquellos momentos para imponer su autoridad han creado mucha confusión informativa. Así que no permiten adoptar nada como seguro, mismo lo que esté formalmente registrado.
Este tipo de confusión está muy bien documentado, por ejemplo, en lo que se refiere a la biografía de García Lorca, caso en que muchísimos autores han discutido sobre la fecha exacta de su muerte. Lo que se tiene por verdadero es que fue fusilado entre el día 17 y el 20 de agosto, teniendo como compañeros de infortunio el maestro de Pulianas, Dióscoro Galindo Gonzáles y dos toreros (banderilleros) granadinos Joaquín Arcollas Cabezas y Francisco Galadí Melgar[6].
Lo que se sabe muy claramente es que los bombardeos siguieron fuertes por muchos días más en aquel mes de agosto. Así como las ejecuciones de presos. El ejemplar de Ideal del día 11 trae más una noticia de lo que se pasaba todos los días en las prisiones de Granada: “30 ejecuciones entre ayer y hoy – Quince por juicios sumarísimos y otros quince en represalia de los bombardeos”[7]. Otras se seguirían. En cual de ellas pusieron a Plácido Enrique delante del pelotón?
Pero el autor que relata los acontecimientos de Granada a partir de lo que publicó el periódico Ideal nos da su opinión tras comentar las arbitrariedades del nuevo gobierno civil de Granada con respeto a los cambios en la educación adoptados por el nuevo gobierno por una circular del 27 de agosto de 1936, donde se ordena que:
“- La enseñanza de la religión católica es obligatoria. Los libros de texto de cualquier materia deberán ser autorizados por las autoridades eclesiásticas.
- Se colocará un crucifijo en lugar preferente de todas las aulas.
- Los maestros indignos serán separados del cargo”.
Y complementa el autor: “...hay muchísimos maestros “indignos” que son “suspendidos de empleo y sueldo” por sucesivas órdenes del Gobierno Civil. Entre las numerosas listas de nombres que todos los días aparecen en Ideal, el día 5 de septiembre de 1936 figura el maestro de Pulianas, Dióscoro Galindo González. El mismo que dieciocho días antes había sido asesinado junto a Federico García Lorca en las cercanías de Víznar. En esa misma lista del día 5 está la maestra de Almuñecar, María Ocete Azpitarte, y en la del día 3 el profesor de la Escuela Normal Plácido Vargas Corpas, uno de los firmantes de aquella carta de los presos políticos protestando por los bombardeos. Vargas Corpus también había sido fusilado antes de ser desposeído de su empleo.”[8]
Miembros de la familia consideran como correcta la fecha del 23 de octubre[9]. La cuestión es que seguramente no han tenido condiciones de cuestionar el documento. Y una prueba adicional que ese registro no es perfecto está en la edad atribuida a Placido, 52 años, cuando la familia sabía perfectamente que tenía 59.
Otro punto en que se puede cuestionar sobre la corrección del registro es que si la fecha de su muerte fuera la mencionada, la familia y los amigos habían tenido tres meses para presionar los militares a que no le quitaran la vida. Y hubo mucha presión, por cierto. “Ideal” publica en el 15/08/36 una nota del gobernador civil, José Valdés, que determina: “Queda rigurosamente prohibido toda influencia acerca de las personas detenidas a disposición de este Gobierno Civil, sea cual sea la calidad y condición del recomendante y recomendado. Los infractores serán sancionados con 150 pesetas”. A lo mejor, la prohibición afectaría a los pobres, únicamente.
Se sabe que Plácido Enrique era una persona religiosa y con muchos amigos en la provinciana Granada de aquella época. No le faltarían, ni a él ni a sus familiares, quien se dispusiera a apelar en su favor. Es probable, que en verdad, no fue salvo de la muerte porque no hubo tiempo para tal.
Conclusión
La victoria de los nacionalistas ha dado fin al conflicto. Oficialmente la guerra terminó el día 1º de Abril de 1939 pero, en verdad, los españoles han sufrido por cuatro décadas más bajo la dictadura de Franco. Muchos han sido perseguidos, muchos tuvieron que emigrar y jamás pudieron volver a su patria.
Los victoriosos clasificaron como criminales a los vencidos, inclusivamente a los muertos, y los condenaron, en muchos casos, a pagar pesadas indemnizaciones para reparación al Estado.
Solamente después de la muerte de Franco y de las negociaciones políticas del año 1978 que resultaron en los Pactos de la Moncloa, pudieron los españoles volver a la convivencia democrática. En 1977 el nuevo Congreso de Diputados aprobó una Ley de Amnistía (Ley 46/1977) y, desde entonces, poco a poco, se empieza a rescatar del silencio y del olvido forzoso los relatos y documentos que registraron aquellos años terribles.
Notas:
[1] Para los que quieran tener una idea más organizada sobre este movimiento se aconseja leer el libro de Samuel P. Huntington, “A terceira onda”.
[2] Mario López Martinez y Rafael Gil Bracero, edición de la Diputación Provincial de Granada, 1997, 578 pgs.
[3] Entrala, Jose Luis, “Granada Sitiada 1936-1939”, Ed. Comares, 1996, pg. 35.
[4] Cf. Entrala, op. Cit. pg. 244. El contenido de la carta no esta reproducido en el libro.
[5] Ídem, pg 262.
[6] Vease em Titos Martinez, Manuel, “Verano del 36 en Granada”.
[7] Entrala, op cit pg 256.
[8] Iden, pg. 274.
[9] Lo ha mencionado Carmelina, una de las hijas del maestro en 2005. Octavio Luis, otro hijo de Plácido Enrique mencionaba en el año 88, que la muerte de su padre había sido “un lamentable error porque era un ciudadano correcto, católico, políticamente moderado y que jamás lo podrían considerar como subversivo”.
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